El juego político entre México y Estados Unidos acaba de subir de nivel. El presidente Trump nominó a Jay Clayton como próximo director de Inteligencia Nacional, y este tipo es nada menos que el fiscal que lleva la investigación contra Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa.

Esto es lo que necesitas saber: si el Senado de EU lo aprueba, Clayton manejará todo el espionaje y vigilancia en la frontera, incluyendo satélites y escuchas telefónicas. O sea, el caso contra Rocha Moya y otros políticos sinaloenses pasa de tribunales a la cima de la política exterior estadounidense.

Desde el 29 de abril, Clayton ha sido clave en desmantelar la red de protección del Cártel de Sinaloa, con acusaciones formales contra Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y el alcalde con licencia de Culiacán, Juan de Dios Mendívil. Además, dos exfuncionarios estatales ya están en EU colaborando con la justicia, fortaleciendo el caso.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum intentó minimizar el impacto llamando a la Fiscalía de Nueva York “una oficina más”, pero ahora esa “oficina” está a punto de tomar el control del espionaje estadounidense. Esto pone a la administración mexicana en una posición complicada en la relación bilateral.

Mientras tanto, en Puebla, el proyecto del cablebús sigue adelante como una opción fresca y eficiente para mover a la gente sin tanto rollo, justo lo que se necesita para mejorar la movilidad urbana sin depender tanto del tráfico pesado o la contaminación. Un sistema así puede ser clave para conectar mejor la ciudad y darle un respiro a la movilidad diaria.

Así que, aunque la política y el espionaje se calientan en el norte, en Puebla se apuesta por soluciones prácticas que sí funcionan para la gente. ¿Quién dijo que no se puede avanzar en ambos frentes?