Este martes 30 de junio de 2026, a pocas horas del partido de eliminación directa entre México y Ecuador en el Mundial 2026, la política se metió en la cancha. Claudia Sheinbaum, presidenta de la Ciudad de México, hizo un llamado a la calma y al respeto hacia la selección ecuatoriana tras los festejos y concentraciones de la noche anterior.
“Hay que ser respetuoso siempre de todos los demás… es una alegría enorme cuando gana la selección, pero el respeto es clave”, dijo en su conferencia matutina. También pidió que los aficionados no dejen basura en la ciudad después de celebrar, porque “son las y los trabajadores de limpieza quienes tienen que recoger todo”.
Pero mientras Sheinbaum hablaba, empezó a circular un memo interno de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), fechado un día antes del partido, que ordena a todo el personal diplomático mexicano evitar cualquier contacto formal con autoridades de Ecuador hasta después del encuentro.
El documento recuerda que las relaciones diplomáticas entre México y Ecuador están rotas desde abril de 2024, cuando fuerzas ecuatorianas irrumpieron en la embajada mexicana en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas, quien tenía asilo político en México. Desde entonces, México retiró a su personal diplomático y presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia.
El memo pide “abstenerse de organizar eventos o participar conjuntamente con autoridades o funcionarios del Ecuador” y evitar “contactos formales con representantes ecuatorianos” durante el partido.
Este choque en el Estadio Ciudad de México es el primero entre ambas selecciones en un Mundial y define quién avanza a octavos. En su historial, México lleva ventaja con 15 victorias, 8 empates y 4 derrotas frente a Ecuador.
Así que mientras la pelota rueda, la política y la diplomacia siguen jugando su propio partido paralelo. ¿Será que el respeto y la rivalidad deportiva pueden ir de la mano?